Cómo interrogar a un sospechoso en una murder party
Publicado el 27 de octubre de 2026
En una murder party, la investigación avanza a base de preguntas. Un buen interrogatorio puede tumbar una coartada en dos minutos. Así se interroga a un sospechoso con eficacia, sin convertir la noche en un juicio.
1. Empieza amplio y termina concreto
Abre con una pregunta sencilla: «cuéntame tu noche». Deja hablar. Después, afina: «¿a qué hora saliste?», «¿quién estaba contigo?», «¿qué viste al volver?». Cuanto más concretas son las preguntas, más difícil es mentir.
2. Las preguntas que funcionan
- ¿Dónde estabas a la hora del crimen? La pregunta clave, para todos.
- ¿Quién puede confirmarlo? Pone a prueba la coartada.
- ¿Por qué no lo dijiste antes? Tranquiliza a quien lo olvidó e incomoda a quien lo ocultó.
- ¿Qué pensabas de la víctima? Saca a la luz los móviles.
3. Compara versiones
Interroga a dos sospechosos por separado sobre el mismo momento y compara. Si uno dice las 23:00 y el otro medianoche, uno miente, o se equivoca. Ahí las pruebas del expediente valen oro: un tique, una foto o un extracto pueden zanjar la cuestión.
4. Enseña una prueba en el momento justo
Deja que el sospechoso se comprometa con su versión y, entonces, pon sobre la mesa la prueba que la contradice. Suele ser el momento más intenso de la partida. Si la enseñas demasiado pronto, simplemente adaptará su historia.
5. Usa las cartas de interrogatorio
Nuestros casos incluyen cartas que obligan a un sospechoso a decir la verdad: «Interrogatorio oficial» en El caso Vernier y «Pregunta de verdad» en La Queimada del Pazo. Guárdalas para la pregunta decisiva. Una excepción: el culpable siempre puede mentir.
Ojo: la pregunta «¿eres el culpable?» está prohibida. Se pregunta por hechos y secretos.
6. Que siga siendo un juego
Un buen interrogatorio sigue siendo agradable. Nada de acosar: si un jugador se siente acorralado e incómodo, déjale respirar y pasa a otro. El objetivo es divertirse juntos.
7. Apunta lo que descubres
Una libretita con tres columnas: quién, dónde, cuándo. En el acto III, cuando toque acusar, agradecerás saber quién dijo qué.
Para el último paso, lee cómo acertar en la acusación final y aprende a leer las pistas como un investigador.

